sábado, 23 de marzo de 2013

Puerta de entrada blindada


Una puerta hecha según las indicaciones del cliente.

En este caso el cliente venía con unas fotos y una idea bastante clara de lo que quería:
 Que iluminara bien la entrada.
Una bonita reja de forja.
Un cristal blindado.
Y lacada en blanco.






La reja se la encargué a un artesano de aquí de mi pueblo, todo un maestro en la fragua.



Algunas fotos de cómo está hecha.









En realidad son dos puertas (dos mitades) unidas.



Cada una de estas hojas lleva atornillada un chapa de hierro.







En total el grosor de la puerta es de 6,5 cm.






domingo, 3 de marzo de 2013

Arthur Rimbaud



Se me vino a la cabeza el nombre de Rimbaud pero la última vez que lo escuché o escribí me parece que fue en E.G.B. (Educación General Básica), que ya hace de esto unos cuantos años. Así que busqué en el "todopoderoso" Google  y de lo que encontré he querido compartir esto en mi blog.
La primera intención fue "cortar en trocitos" lo que más me gustara o me pareciera más interesante, pero después de leerlo por segunda vez me pregunté: «... y quién soy yo para tocar esto».

Arthur Rimbaud fue un poeta francés del sigo XIX, ( 1854-1891).
Espero que lo disfruten.

Este poema está copiado de la siguiente dirección:
http://www.ciudadseva.com/textos/poesia/fran/rimbaud/solycar.htm



Sol y carne
Arthur Rimbaud
  I

El sol, hogar de vida radiante de ternura,
vierte su ardiente amor sobre el mundo extasiado; 
y cuando nos tumbamos en el valle, sentimos 
que la tierra es doncella rebosante de sangre; 
que su inmenso regazo, henchido por un alma,
es de amor, como Dios, de carne, como una hembra 
y que encierra, preñada de savias y de luces, 
el hervidero inmenso de todos los embriones.

Todo crece, pujante.
¡Oh Venus, oh diosa!
Añoro aquellos días, cuando el mundo era joven,
con sátiros lascivos, con silváticos faunos, 
con dioses que mordían, en amor, la enramada, 
besando entre ninfeas a la Ninfa dorada. 
Añoro aquellos días, cuando la savia cósmica, 
el agua de los ríos y la sangre rosada 
de los árboles verdes, en las venas de Pan 
encerraba tremante un mundo, y que la tierra, 
bajo su pie de cabra, lozana palpitaba;
cuando, al besar, suave, su labio la siringa, 
tocaba bajo el cielo el gran himno de amor; 
cuando en medio del campo, oía, en tomo a él, 
la respuesta, a su voz, de la Naturaleza;
cuando el árbol callado que acuna el son del ave, 
y la tierra que acuna al hombre, y el Océano 
azul, inmensamente, y todo lo creado, 
animales y plantas, amaba, amaba en Dios.

Añoro aquellos días de Cibeles, la grande,
que recorría, cuentan, enormemente bella,
en su carro de bronce, ciudades deslumbrantes: 
sus senos derramaban, gemelos, por doquier 
el arroyo purísimo de la vida infinita;
y el hombre succionaba, dichoso, la ubre santa, 
como un niño pequeño que juega en su regazo. 
-Y el Hombre, por ser fuerte, era casto y afable.

Por desgracia, ahora dice: ya sé todas las cosas;
y va, avanzando a ciegas, sin oír, sin mirar.
-¡Así pues, ya no hay dioses! ¡Ya sólo el Hombre es Rey, 
sólo él Dios! ¡Pero Amor es la única Fe ...! 
¡Si el hombre aún bebiera de tus ubres, Cibeles,
gran madre de los dioses y de todos los hombres, 
si no hubiera olvidado la inmortal Astarté, 
que antaño, al emerger en el fulgor inmenso 
del mar, cáliz de carne que la ola perfuma, 
mostró su ombligo rosa, donde la espuma nieva,
e hizo cantar, Diosa de ojos negros triunfales, 
el roncal en el bosque y en el pecho el amor!

II

¡Creo en ti, creo en ti! Divinidad materna,
¡Afrodita marina! -Pues, el camino es áspero 
desde que el otro Dios nos unció a su cruz;
¡Came, Flor, Mármol, Venus, es en ti en quien creo! 
-El Hombre es triste y feo, triste bajo los cielos; 
y ahora anda vestido, ahora que no es casto, 
pues ensució su busto orgulloso de dios 
y se ha ido encogiendo, cual ídolo en la hoguera, 
al dar su cuerpo olímpico a sucias servidumbres; 
incluso, tras la muerte, quiere vivir, burlando 
con pálido esqueleto su belleza primera. 
-Y el ídolo al que diste tanta virginidad, 
alzando a lo divino nuestra arcilla, la Hembra, 
con vistas a que el Hombre alumbrara su alma, 
subiendo lentamente, en un amor inmenso, 
de la cárcel terrestre al día, en su belleza, 
la Hembra, ¡ya ni sabe ser simple cortesana! 
-¡Qué broma tan pesada! ¡y el mundo ríe estúpido 
al oírte nombrar, dulce, sacra y gran Venus!

III

¡Si el tiempo retomara, el tiempo que ya fue...! 
-¡El Hombre está acabado, se acabó su teatro! 
Y un día, a plena luz, harto de romper ídolos, 
libre renacerá, libre de tantos dioses,
buceando en los cielos, pues pertenece al cielo.  
¡El Ideal, eterno pensamiento invencible, 
ese dios que se agita en la camal arcilla, 
subirá, subirá, y arderá en su cabeza! 
Y, cuando lo sorprendas mirando el horizonte, 
libre de viejos yugos que desprecia sin miedos, 
vendrás a concederle la santa Redención 
-Espléndida, radiante, del seno de los mares 
nacerás, derramando por el vasto Universo 
el Amor infinito en su infinita risa: 
el Mundo vibrará como una lira inmensa 
en el temblor sin límites de un beso repetido.

-El Mundo está sediento de Amor: aplácalo. 
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[¡Libre, el hombre levanta, altiva, su cabeza!
¡Y, raudo, el rayo prístino de la primer belleza 
da vida al dios que late en el altar de carne! 
Dichoso en su presente, pálido en su recuerdo, 
el hombre quiere ahondar, -y saber. ¡La Razón,
tanto tiempo oprimida en sus maquinaciones,
salta de su cerebro! -¡Ella sabrá el Porqué!... 
¡Que brinque libre y ágil: y el Hombre tendrá Fe! 
¿Por qué es mudo el azur e insondable el espacio? 
¿Por qué los astros de oro que hierven como arena? 
Si subiéramos más y más, allá arriba ¿qué habría? 
¿Existe algún Pastor de este inmenso ganado 
de mundos trashumantes por el horrible espacio? 
Y estos mundos que el éter abraza inmensamente 
¿vibran, acaso, al son de una llamada eterna? 
-¿El Hombre puede ver? ¿y decir: creo, creo? 
¿La voz del pensamiento va más allá del sueño? 
Si en el nacer es raudo, si su vida es tan corta
¿de dónde viene el Hombre? ¿se abisma en el Océano 
profundo de los gérmenes, los Fetos, los Embriones, 
en el Crisol sin fondo del que la Madre cósmica 
lo resucitará, criatura que vive, 
para amar en la rosa y crecer en los trigos?... 

¡No podemos saberlo! -¡Estamos agobiados
por un oscuro manto de ignorancia y quimeras! 
¡Farsas de hombre, caídos de las vulvas maternas, 
nuestra razón, tan pálida, nos vela el infinito! 
¡Si queremos mirar, la Duda nos castiga! 
La duda, triste pájaro, nos hiere con sus alas!... 
-¡Y en una huida eterna huyen los horizontes! 
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¡Ancho se entreabre el cielo! ¡Los misterios han muerto 
ante el Hombre, de pie, que se cruza de brazos, 
fuerte, en el esplendor de la naturaleza! 
Si canta... el bosque canta, y el río rumorea 
un cántico radiante que brota hacia la luz!... 
-¡Llegó la Redención! ¡Amor, amor, Amor!...].
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 IV

¡Oh esplendor de la came! ¡Ideal esplendor!
¡Renadío de amores, amanecer triunfal,
cuando, a sus pies tendidos los Dioses y los Héroes, 
Calipigia la blanca y el Eros diminuto
rozarán, coronados por la nieve de rosas,
la mujer y la flor que adorna su pisada! 
-Grandiosa Ariadna, que derramas tu llanto 
por las playas, al ver huir en lejanía, 
blanca en la luz solar, la vela de Teseo...

oh dulce virgen niña que una noche ha tronchado, 
¡calla!... En su carro de oro orlado de uvas negras, 
por los campos de Frigia, Lisios pasa; lo llevan, 
panteras de piel roja y tigres lujuriosos 
y dora,. al recorrer ríos de aguas azules, 
el verdor de los musgos en la orilla enfoscada. 
Zeus, Toro, en su nuca, acuna como a niña 
Europa desnuda que enlaza con su blanco 
brazo el cuello nervioso del Dios estremecido 
que la mira, despacio, de soslayo, en el agua. 
Y dejando que, pálida, su cara en flor resbale 
por la frente de Zeus, muere y cierra los ojos 
en el beso del Dios; y el agua que murmulla 
con su espuma dorada florece sus cabellos. 
-Entre la adelfa rosa y el loto charlatán 
se desliza, en amor, el gran Cisne que sueña 
y su ala blanca abraza la blancura de Leda;
Y, mientras, Cipris pasa, enormemente hermosa, 
cimbreando la curva rotunda de su grupa, 
desplegando orgullosa el oro de sus pechos
y su vientre nevoso que un negro musgo orla; 
-Heracles, Domador, que en su gloria se cubre 
el cuerpo fuerte y vasto con la piel de un león, 
a lo lejos avanza, con frente dulce y fiera.

Rozada por la luna de estío, levemente,
de pie, desnuda, sueña en su palor dorado 
que tiñe la ola densa de un pelo azul y largo, 
en el calvero oscuro donde el musgo se estrella, 
la Driade que mira el cielo silencioso... 
-Y la blanca Selene deja flotar su velo, 
temerosa, a los pies del hermoso Endimión, 
y su beso resbala por un pálido rayo...
-La Fuente llora, sola, con prolongado éxtasis... 
Es la ninfa que sueña, apoyada en el ánfora, 
en el bello doncel blanco, en sus aguas preso. 
-Una brisa de amor transita por la noche, 
y en el bosque sagrado, en sus horribles frondas, 
de pie, majestuosos, los Mármoles oscuros, 
los Dioses coronados por nidos de Pinzón, 
escuchan a los Hombres y a todo el Universo.



jueves, 28 de febrero de 2013

Arca cubierta de hierro


El arca, al igual que la silla y la mesa, es uno de los primeros muebles que hemos estado utilizando desde la antigüedad.
Las primeras arcas, cofres y baúles seguramente fueron cajas más o menos sencillas, con algún  tipo de cierre. Después, como es de suponer, se fue perfeccionando su construcción y cambiando su diseño según las épocas.

A mí es el mueble que mas me gusta, seguramente por lo práctico que es y por el diseño tan básico que tiene. Por mucho que se decore y por muy ornamentado que esté, no deja de ser una caja con una tapa.
Este tipo de mueble reúne casi todas las funciones de los demás: sirven para sentarse; se han utilizado como mesa y como cama; para guardar libros, vajillas, cristalerías y cuberterías; y por supuesto para guardar ropa. Y todo esto sin mencionar los muy diferentes usos que se le ha dado en el cine por magos, asesinos y aventureros.
Hasta Noé utilizó el arca para sus propósitos ecologistas, que por cierto, ya podía haber dejado afuera de su arca a los abejorros y avispas.

Sobre el arca hay un artículo muy interesante de Elena Achón Bruñel en la revista Antiqvaria: http://www.antiqvaria.com/group/1/index.asp?table=obras&ID=54438

Arcas y baúles he hecho de diferentes modelos y diseños. El que presento a continuación lo empecé hace un par de años y ahora me dispongo a terminarlo.
Le falta las dos asas de los lados, sustituir todos los tornillos por clavos, ponerle las cerraduras, ponerle los pernos a las bisagras, forrarlo por dentro (todavía no tengo claro si forrarlo de cuero, tela, madera, etc.)

Estas son algunas imágenes de esta primera parte:


Después de varias ideas salió el diseño que me gustaba.



Tiene 155 cm. de largo, 113 cm. de alto y 68 cm. de ancho.



Para la construcción del armazón he utilizado madera de pino y de castaño. Las escamas están hechas con chapa de hierro de 2 mm. de grosor, están hechas en frío mediante repujado. Las correas y bisagras son de hierro y están hechas  en la fragua, yunque y martillo. No tiene ninguna pieza soldada ni cortada a máquina. Solamente he utilizado un taladro para hacer los agujeros para los clavos.
Las cadenas están hechas en frío.



















A la parte de atrás decidí no ponerle escamas, le puse tiras del mismo metal y también de 2 mm. de grosor. Están cortadas sin soporte ni reglas para conseguir un corte irregular. He intentado que la parte trasera se asemejase al vientre de los reptiles.





















Las dos cerraduras que lleva el arca las ha hecho mi amigo José Martínez, un artesano del metal de aquí de Villalba del Alcor. Como se puede ver están hechas artesanalmente.
(Estas dos fotos son de la misma cerradura).






















El arca con los clavos puestos en las correas







Fin de la primera parte de este trabajo.
Espero publicar pronto una nueva entrada con el trabajo ya terminado.